Con la llegada del verano todo se ralentiza y vuelvo a conectar más de cerca con el tiempo. Las prisas se abandonan y, al dejarlas atrás, abrazo la reflexión que ofrece el paso lento de las horas. Vuelvo a construir castillos en el aire para afrontar la agenda salvaje que me espera después con el optimismo de siempre. Ahora toca disfrutar de la lectura, el cine y las cenas largas en familia y con amigos.